• Jorge Mercado ha publicado una actualización en el grupo Logo del grupo Cuenta Cuantos Cuentos QuierasCuenta Cuantos Cuentos Quieras: 27 July, 2011 3:34

    Les dejo otra tarea al grupo para que lo ven con su ojo biónico, digo, clínico. Va otro cuento, tiene imagen pero aquí no se puede pegar:
    LA BARRICA MÁGICA

    Había, otra vez… un baldío como tantos.

    -¡Tírala, tírala!- Chito le apuró a pepe, para que pateara la pelota. Este ya había tomado demasiado vuelo para pegarle.

    -¡Allí va!- El puntapié propinado por Pepe, mandó a la pelota cerca de la barrica que se encontraba en la esquina más distante de aquel lote baldío. El gran lote era el lugar de juegos de los niños que vivían cerca, aunque también de muchos otros que venían de otras calles cuando se realizaban torneos de pelota entre barrios. Pepe, Chito, así como Marcia, Vero y Luis, eran vecinos que se reunían en el solar para divertirse con sus múltiples ocurrencias.

    Déjenme describirles como era ese solar. Gran parte del espacio lo ocupaban para jugar al futbol o al beisbol. El área, a pesar de haber algo de hierba y pasto, estaba pelada de tanto ir y venir por las bases. A los dos lados que no daban con la calle sino con las casas contiguas, había árboles y arbustos. En uno de esos lados del solar, se encontraba guarecido entre ramas, un antiguo cascarón de un Chevrolet Bel Air del 54 sin neumáticos y sin una de sus dos puertas.
    (imagen)

    Tanto en el Bel Air como en la barrica, eran los lugares de preferencia para las aventuras de Pepe y sus amigos.

    -¡Chicos! Suban al auto, ya se ha hecho tarde –les gritó Marcia a Chito y Pepe. Vero y Luis esperaban en el asiento de atrás.

    -Vale más que se apuren porque este asiento me está picando mucho. Y la cesta que traes me ha dado mucha hambre.

    -¡Cómo serás de tonto Luis, estás sentado en los resortes!- Le dijo Vero. Una vez que todos estuvieron dentro del Bel Air, Pepe tomó el desvencijado volante y lo comenzó a menear de un lado a otro.

    -¿A dónde vamos señora Marcia?

    -¡Ay señor Pepe! ¿Qué no recuerda el día de campo? Haremos un picnic.

    ¡¡Síiiiiiiiiiii!- gritaron todos a coro.

    -Hemos llegado- dijo Marcia y se fue derechito al árbol justo el que está junto a la barrica. Los demás la siguieron lamiéndose los labios por los ricos bocadillos que les habían preparado sus respectivas mamás. Marcia y Vero se preparaban para hacer el tenderete y colocar la comida, cuando intervino Luis.

    -¡Un momento! Recuerden que como niños educados nos debemos de lavar las manos.

    -¡Es cierto!- dijo Pepe. – Mis manos quedaron pintadas de rojo como si hubiera aplastado tomates podridos cuando venía manejando.

    -¡Ja, ja, ja!- Todos rieron.

    -Pondré la cesta dentro de la barrica- Dijo Vero y enseguida salieron corriendo a sus respectivas casas.

    Después de un rato, los primeros en llegar al lugar fueron Marcia y Chito. El resto llegó inmediatamente después.

    Marcia iba a continuar con el acomodo del picnic, debajo del árbol cuando gritó.

    -¡Oigan, la comida ha desaparecido!

    -¿Cómo que no está, si allí la dejó Vero?

    -¡Sí! y todos me vieron. Me vio Marcia y Luis que estaban junto a mí.

    Entre todos se pusieron a buscar restos por si acaso un gato o alguien se había llevado la cesta. Después de un tiempo infructuoso, todos se juntaron en el Bel Air a pensar. Dijo Chito.

    -¿Qué pasaría? No encontramos nada.- Todos se miraban pensativos.

    -¡Quizás la barrica sea mágica! – Dijo Luis.

    -¡AHhhhhhh!- se burlaron los demás.

    -¡Hagamos una prueba! – Se apresuró a decir Luis. –Chito ve a tu casa y trae una fruta y la dejamos en el barril y vemos que pasa.

    Así lo hizo Chito. Puso una jugosa manzana dentro del barril y se retiró junto con los demás. Después, Pepe fue a asomarse a la barrica y la manzana seguía en el fondo.

    -¡Esto es una perdedera de tiempo, cómo una barrica mágica! –Dijo Pepe.

    -¡Pero es que no lo hacemos bien! Nadie tiene que estar viéndola. Vayámonos todos y en 5 minutos regresamos. –Dijo Luis.

    Un tanto incrédulos todos se marcharon y pasados los 5 minutos regresaron. Para su sorpresa, la manzana ya no estaba.

    -¡Rayos!- dijo Vero. –Luis tenía razón ¡es una barrica mágica!- todos estaban asombrados. Volvieron a repetir el experimento llevando un panecillo de Marcia, un juguito de Pepe, unos dulces de Vero y en cada ocasión, después de 5 minutos, todo desapareció.

    Ya en la tarde, todos estaban convencidos de que en el lote baldío tenían una barrica mágica que hacía desaparecer cosas. Excepto Pepe, quien propuso una idea.

    -Amigos ya se está oscureciendo. Me gustaría que dejáramos alguna cosa dentro de la barrica hasta mañana. Venimos temprano y veremos si también hace magia por la noche. Todos estuvieron de acuerdo con la genial idea de Pepe.

    -Todos váyanse a su casa, yo voy a la mía a traer algún bocadillo para ponerlo en la barrica y nos vemos por la mañana.

    Cada uno se fue retirando. Como dijo Pepe, regresó con algo entre sus manos. Lo depositó con cuidado en el fondo del barril y se marchó asegurándose de no tropezar pues ya estaba oscuro.

    Pasó un momento cuando se oyó un fuerte chasquido metálico, seguido de escandalosos y repetido ayes de sufrimiento. Rápidamente, salió Pepe de su escondite y corrió hacia la barrica, descubriendo a Luis retorciéndose de dolor.

    Al otro día, Pepe explicaba a sus demás amigos cómo Luis, quien tenía su casa pegada al solar, fue el por glotón que se comió todos los bocadillos. El muy astuto quiso hacerles creer que la barrica estaba encantada.